
Así se vive un Plan Retorno.
Cerrando la puerta de mí casa y dando media vuelta hacia la izquierda, inicio a caminar hacia el occidente rápidamente para tomar el bus de las 12:30pm, al caminar me encuentro con varios vecinos a los cuales saludo diciéndoles buenas tardes.
Al llegar a la esquina de mi cuadra veo a lo lejos un bus de color blanco, miro a la derecha a la izquierda y cruzo la calle. Al subir al andén estiro mí brazo derecho, el señor de la buseta entiende la señal y para.
Subo dos escalones muy pequeños y casi haciendo maromas de equilibrio busco rápidamente una silla vacía donde pueda relajarme.
A mí lado se sienta una señora no con mas de treinta años y en todo el recorrido sólo se dedico a mirar un pequeño televisor que emitía su señal a plazos.
Después de entretenerme viendo nada, me doy cuenta que he llegado a Puente Grande, preparo $1500 pesos y con mucho cuidado me levanto de la silla y voy caminando hacia la puerta colgada de brazos.
A lo lejos veo una carpa naranja, lo cual indica que ya casi llego al punto, toco un timbre de color rojo y el conductor baja la velocidad. Al parar entrego los mil quinientos pesos correspondientes al valor del pasaje, y dando un salto piso un separador lleno de árboles y al fin he llagado al Parador Suizo, punto de encuentro para el retorno.
Camino hacia la carpa naranja y veo que el grupo de los facilitadotes esta casi completo, descargo mí maleta entre mis piernas y abro el bolsillo más grande para sacar mí gorra y mí chaqueta de la Secretaría de Movilidad.
Ya uniformada la presencia de una joven de casi veinticinco años, morena con cabello negro, capta la atención de nosotros, se presenta como la supervisora de turno diciendo; ¡Buenas tardes, mí nombre es Paola, soy de control y vigilancia y el día de hoy seré monitora del retorno en esta zona!, contestamos el saludo y rápidamente nos fue acomodando a lo largo del parador hasta llegar al semáforo.
Hoy mí lugar de trabajo es la intersección del semáforo, Paola me da las indicaciones habituales sobre pasos seguros y se retira a la carpa.
¡Buenas tardes! Me dice un Policía y con voz muy baja contesto, él se presenta como Diego Chaparro Sargento de la Policía de Transito, y yo me presento como Alejandra Suárez facilitadota de la Secretaría de Movilidad.
Rápidamente identificó mí chaqueta y me brinda todo el apoyo para el operativo.
El Sargento Chaparro comienza a pitar ya que en sentido norte – sur la congestión vehicular crece, yo sólo miro como hace su trabajo, no puedo interponerme a menos que sea necesario.
Ya son las 3:00 p.m. y hasta el momento el flujo vehicular es normal pero un grito capta mí atención, es el Sargento Chaparro llamándole la atención a un taxista que pretendía pasar el semáforo en rojo, el taxista no se queda atrás y fuertemente le dice al policía ¡demalas, entonces que se delico!, enardecido el Sargento le contesta ¡Qué mijo, quiere que le llame la grúa!, el semáforo cambio a verde y el conductor desaparece de la vista de todos los espectadores que en el momento escuchábamos la discusión.
Después de presenciar el alegato, el tiempo transcurre y el escenario es el mismo, Chaparro pitando y yo observando los vehículos.
Cae la noche y con ella el frío, la supervisora de área se acerca y me da una linterna de color verde para que empiece a moverla de un lado a otro e indique a los conductores que agilicen su trayecto y eviten hacer paradas en el camino.
Cambio de mano una y otra vez, y así se me viene a la cabeza mirar el reloj, la hora no me la esperaba 7:55 p.m., es hora de desplazarme al Parador Suizo.
Apago mí linterna y llamo al Policía, ¡Mí Sargento! Le grito, el mira asustado y se acerca, estiro mí mano y le digo ¡Gracias por su apoyo en el operativo, e terminado mí turno!, él de una forma muy agradable me da la mano y solo dice ¡Fue un gusto!
Empiezo a caminar hacia el parador muy prevenidamente ya que para llegar tengo que atravesar un camino oscuro y lleno de cráteres, al llegar entrego mí equipo con el que trabajé, firmo la planilla de asistencia y me despido de mis compañeros.
Sin quitarme el uniforme, me devuelvo por el camino oscuro, llego al semáforo y espero a que cambie su color, de verde a rojo, en ese pequeño instante me doy cuenta que el Sargento ya no esta, rojo, la señal que estaba esperando, cruzo la calle y frotándome las manos veo que a lo lejos se acerca un bus que dice FUNZA-EL POBLADO. Con mis dedos dormidos del frío y mí brazo temblando, estiro y con mí muñeca de la mano derecha hago que pare mí transporte.
Este colectivo es muy similar al que tome cuando me dirigía hacia el Parador Suizo, de escaleras pequeñas, pero éste no tiene un televisor. Me acomodo en la primera silla de la fila izquierda, al lado de la ventana como me gusta, pongo mí maleta sobre las piernas y dejo que mí cuerpo se relaje mientras mí mente inicia a pensar en el turno del siguiente día.
Finalmente pienso que el operativo fue sencillo y descanso en la silla y así se da por terminado el plan retorno del día 9 de agosto de 2009.
Alejandra Suárez.
Sólo tengo esto.
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