sábado, 31 de octubre de 2009

LAS CONSECUENCIAS DEL DESPLAZAMIENTO COMO FORMA DE VIDA EN LA CIUDAD

“ Personas inocentes se ven obligadas a dejarlo todo y a buscar nuevos horizontes a cambio de no perder la vida”

Desde años atrás los movimientos o guerrillas armadas en Colombia, han provocado por medio de la violencia imponer en pueblos o regiones su voluntad; generando en la población un temor entre sus habitantes. Las fuerzas armadas ilegales para apoderarsen del territorio intimidan, amenazan y hasta llegan al extremo de realizar masacres sin sentido, que dejan como consecuencia familias incompletas, desolación e ira reprimida por parte de las víctimas más afectadas determinadas como campesinos.

Pero ¿Por qué personas que poseen terrenos y propiedades desde generaciones pasadas, de un momento a otro tienen que salir de sus dominios sin realizar preguntas ni esperar respuestas?. Por la razón más elocuente y más precisa, para salvar lo más importante y apreciado en una persona la vida.

Después de dejarlo todo, sin mirar atrás y recordando a aquellos que murieron absurdamente por tratar de defender su territorio. Emprenden un nuevo camino con las pocas pertenencias recuperadas, pasando por quebradas, ríos, selva y una cantidad de obstáculos hasta llegar a la civilización ya sea de un pueblo cercano o una gran ciudad en busca de nuevas oportunidades. Allí en la medida en que pasa el tiempo algunos son ayudados por el gobierno, otros por decirlo así: “Quedan olvidados a su suerte”.

Para ser un poco explícito tan sólo en Bogotá existen más de cincuenta familias olvidadas, que recorren las principales avenidas y calles esperando la misericordia de los más afortunados. En esta ciudad en una equivalencia de más o menos del sesenta y tres porciento (63%), las personas de una economía estable hacen uso del transporte público excluyendo al TransMilenio; lo que genera en los desplazados una fuente de trabajo. Personas que viajan o han viajado diariamente en un bus o buseta al igual que mi persona, se harán dado cuenta que en el transcurso del viaje hay personas anónimas en los paraderos esperando el momento oportuno para subir al vehículo, ya sea por la puerta trasera o bien si es por la puerta principal de forma acrobática suben para no hacer marcar la registradora. De forma respetuosa y sincera comienzan a narrar su historia y pasan a tomar confianza y de ser figuras anónimas a tomar nombres propios. Al terminar con la narración sólo queda dar la colaboración y la reflexión, es decir, dar la moneda o el billete y pensar del por qué una persona que pasó por calamidades se sube al transporte público y de forma amable saluda a todos con ganas de seguir viviendo, pide limosna y con una simple frase pero de gran significado: “Una moneda no enriquece ni empobrece a nadie”, justifica su necesidad de comer. Estas palabras dichas no por un literato sino por un personaje que una vez agradecido por las monedas recogidas sale del bus y con una tímida sonrisa expresa a todos un buen viaje. Quiero aclarar que no solamente las personas desplazadas por la violencia suben al transporte, sino que también lo hacen personas que han perdido el trabajo y otros por necesidad propia.

Sólo queda decir, el desplazamiento es una problemática que destruye a muchas familias y que pone aprueba la solidaridad y el compromiso o hasta por qué no decirlo la lástima de nosotros que somos afortunados y favorecidos al tenerlo todo o al menos una vivienda propia y tres comidas diarias, sin la necesidad de pedir nada a nadie. Lo ideal sería que el Gobierno prestará mejor atención a esta población, Una posible idea es recorrer la ciudad en busca de estas comunidades para que así se puedan ayudar, por que son colombianos como nosotros y que tan sólo buscan la manera más digna de continuar con sus vidas.

Elaborado por Jorge Ariza Gómez

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